Encuentro con Nell Leyshon

Encuentro con Nell Leyshon

por Liliana Padilla

 

Platicamos con la escritora Nell Leyshon durante su más reciente visita a México, con motivo del Hay Festival y de la presentación de su nuevo libro, El Show de Gary, publicado en español por la editorial Sexto Piso.

 

¿Siempre supiste que querías ser escritora?

Nunca pensé que quería ser escritora, y hubieron algunas ocasiones en las que intenté escribir y me pareció realmente difícil. Eventualmente, cuando comencé a escribir, resultó muy evidente que sí, efectivamente era una escritora. Pero algunas veces es difícil saber lo que quieres. Y ahora me parece evidente, al examinar mi niñez, que iba a ser una escritora, pero en la época no lo sabía.

 

Con respecto al proceso creativo de escribir, ¿cómo creas a tus personajes? ¿Te enfocas más en las acciones, o más bien en las motivaciones/psicología del personaje?

Cuando escribes por primera vez, piensas mucho en esas cosas, eres un poco más clínica con respecto de las motivaciones y la psicología de las acciones, y lo que alguien debería hacer, pero pienso que con la experiencia se vuelve un proceso más orgánico. Ahora, cuando empiezo a escribir un personaje, una de las cosas realmente importantes es cómo hablan. En cuanto empiezo a escribir diálogo, se vuelve mucho más fácil. Nunca describo la personalidad de alguien, porque entiendo que es aburrido hacerlo. Se trata de una cierta dinámica, como cuando alguien te dice “debes conocer a mi amiga, es increíble, chistosa, brillante, es tan lista, hace reír a todo mundo”. Y cuando finalmente conoces a la amiga, esta persona es divertida y te hace reír, pero es mediante una interacción y mediante sus acciones, no porque alguien te la describa. Entonces, cuando estoy escribiendo, no quiero decirle al lector cosas, quiero mostrárselas. Le permito al lector sacar sus propias conclusiones, simplemente despliego al personaje en la página, y el lector lo interpreta, lo cual es extremadamente satisfactorio, porque es lectura activa. Cuando leo libros, quiero ser activa. Para mí, se trata de una colaboración entre el escritor y el lector. Y creo que eso es lo que hace que el público responda positivamente a la escritura, el sentirse involucrados y el sentir que están aportando enormemente al libro.

 

¿Cómo creaste el personaje de Mary en Del color de la leche?

En realidad, Mary vino de un lugar muy particular. Estaba participando en un taller de teatro con la Royal Shakespeare Company en Stratford-upon-Avon, y se trataba de un proyecto increíble, creo que iban a ser cerca de 6 obras, todas en torno al 400 Aniversario de la Biblia King James. La Royal Shakespeare Company contrató a diez dramaturgos y los trajo a Stratford, consiguió a los mejores actores del Reino Unido. Gente maravillosa vino a hablar acerca de la historia de la Biblia. Y al final, nos preguntaron que si pudiéramos escribir una obra sobre esto qué haríamos, y a mí lo que me interesó no fue el hombre poderoso que editó esta Biblia, sino la idea de una joven mujer iletrada, y había estado trabajo con gente analfabeta. Había trabajado con una familia, tres hijas que eran completamente iletradas, en la Inglaterra contemporánea, estas increíbles, inteligentes, fantásticas mujeres que no podían leer o escribir. Pensé en esta jovencita que iba a leer la Biblia y que se llamaba Mary. Estaba emocionada con la obra, y finalmente el proyecto se canceló, lo que ocurre frecuentemente en el teatro. Pero la imagen de esta chica Mary se quedó en mi mente y pensé, “dios, qué voy a hacer, voy a escribir una obra”. Pero nunca se presentó la oportunidad de presentarla en teatro, y un día estaba hablando con una autora que escribe obras y novelas, lo cual es bastante inusual, y ella me dijo, “¿por qué no la escribes como una novela?”, y fue una gran revelación para mí. Y al día siguiente, estaba caminando junto al mar y la primera línea del libro “Este es mi libro y lo estoy escribiendo con mi puño y letra” simplemente llegó a mi mente, como si Mary estuviera hablándome. Y entonces regresé a casa y abrí un documento y comencé a escribir. Y honestamente, como llevaba tres años cocinándose en mi cabeza, simplemente estaba ahí listo para emerger.

 

Escribir en primera persona debe ser bastante complicado.

Para mí es en realidad más fácil, porque no tienes que hacerte preguntas con respecto al punto de vista, esta cuestión está completamente resuelta. Tiene sus pros y sus contras, pero algo que me encanta es que puedes transformarte completamente en otra persona, entonces es como escapar de ti mismo, lo cual es realmente divertido. Es como ser un actor que usa el método, es fantástico. Me encanta que puedas usar la ironía, porque el lector está interpretando los sucesos de una manera diferente que el narrador. Cuando Gary dice “todo es fantástico, todo está bien”, el lector sabe que no es verdad. Entonces es algo increíble el poder jugar con eso. El problema es la restricción en cuanto a lo que puedes ver. Sólo puedes ver a través de los ojos del narrador en primera persona, y sólo puedes usar el lenguaje que el narrador usaría. Y creo que de ahí viene la fortaleza de mis libros, de que ambos son completamente auténticos, no puedes escuchar mi voz en ninguno, sólo puedes escuchar la voz de Mary y de Gary. Por el contrario, ahora estoy escribiendo un libro en tercera persona, y me estoy cuestionando mucho el tema de mi voz. Para mí es mucho más complicado.

 

¿Cómo logras perderte dentro de los personajes; crear y adoptar esta nueva identidad? ¿Crees que tus personajes conservan algo de ti?

Es realmente fascinante, para ser honesta. ¿Tengo una faceta de mí que es Gary y otra faceta que es Mary? ¿O simplemente usé la imaginación para meterme en sus zapatos? Lo único que puedo hacer es usar mi habilidad de imaginar el mundo desde un punto de vista diferente. Pero lo que fue realmente interesante fue que cuando escribí El Show de Gary, las personas con las que había estado trabajando y que vienen de contextos marginales, lo leyeron y me preguntaron: “Pero ¿cómo supiste lo que se sentía?”. De alguna manera logré capturar sus experiencias sin haberlas vivido. No sé lo que sea, quizás fue un ejercicio de empatía, el ser capaz de empatizar. Y también un ejercicio de imaginación. Si nos imaginamos que estamos ahora sentadas, y que está nevando afuera, empezamos a crear una imagen de cómo nos sentimos. Es un simple ejercicio de imaginación, el ponernos en otro lugar o situación. Si me imagino que no hay electricidad –como en Del color de la leche– pienso: “¿cómo sería levantarse de la cama en medio de la noche?”. Tendría que tantear las paredes, porque si no me caería, y tendría que caminar muy despacio. Se trata de un ejercicio de imaginación delicioso, que disfruto mucho. Realmente no hago trabajo de investigación para mis libros.

 

¿Consideras el hecho de ser mujer un aspecto importante de tu obra? ¿Te interesa hablar sobre temas de género en tu literatura?

Es difícil, porque simplemente quieres que te vean como una escritora. Nadie le pregunta a un escritor hombre: ¿qué se siente ser un escritor hombre? Nunca ha sido el caso en la historia de la humanidad. Y pasa lo mismo con la pregunta: ¿Cómo concilias tu carrera con tener hijos?, simplemente no pasa. Entonces, una parte de mí se siente irritada con la pregunta, pienso: “en serio, seguimos haciendo esta pregunta?”; pero otra parte de mí piensa que es realmente importante para otras mujeres y estoy en México, y aquí la situación de las mujeres es muy diferente de la situación en Inglaterra, y creo que en ese caso es importante hablar sobre esto, sobre ser una mujer escritora, y sobre lo que implica el resistirse a la manera en la que hemos internalizado ciertos roles, los modelos arquetípicos de la mujer. Ves que en muchas culturas que las niñas no tienden a ser tan específicas a su género, y aquí ves que las niñas son muy femeninas. Cuando esperas un comportamiento específico de la mitad de la humanidad, y esperas que sean más plácidas, que no hablen fuerte, que agraden, entonces su función en la sociedad es verse bien y agradar, y no hay mucha libertad para ellas. Y como mujer, quieres la misma libertad que un hombre de hablar y ser escuchada, de ser argumentativa, fuerte, apasionada, y de hacer lo que quieras. Entonces creo que cuando te encuentras en un país en donde no tienes esa libertad es importante hablar sobre ello. Creo que muchas mujeres internalizan su miedo de escribir y es importante ser un ejemplo a seguir para ellas, decirles “tú también puedes escribir”. Visité la escuela mexicana de escritores y conocí a una mujer que me contó que le daba miedo escribir porque pensaba que sus textos debían estar pulidos y maravillosos, y que la gente debía de estar contenta con lo que escribía, y a lo que se refería es la autocensura. No la censuraban los políticos ni el Estado, ella misma se censuraba. Y es lo que hacen muchas mujeres, se autocensuran. Y también les hace falta confianza para hacer cosas. Para mí es muy importante ignorar el miedo y la falta de confianza y continuar, y decirle a la gente que cuanto más escribes, el miedo desaparece.

 

Creo que las mujeres escritores tienden a comenzar a escribir cuando son mayores, mientras que los hombres empiezan muy temprano y en muchas ocasiones su mejor obra llega a una edad temprana. 

La cosa es que la gente siempre me habla sobre el hecho de que empecé a escribir bastante tarde, y lo que me gustaría sería sentarlos y confrontarlos con la realidad de trabajar con dos hijos, encargándome del hogar y de los niños, era realmente mucho trabajo, realmente pasaban muchas cosas. Y por otra parte, creo que las mujeres, al hacerse mayores, se vuelven increíblemente poderosas. A las mujeres mayores ya no les importa agradar, ya no están ahí para ser una gran madre, o una gran hermana, o una gran hija, o una gran esposa. Están ahí para ser grandes escritoras. Y decir lo que se les dé la gana. Se sienten más libres, ya no se limitan.

 

¿Te sientes particularmente influenciada por la literatura británica?

La gente siempre me pregunta qué me inspira, y no sé qué decirles, porque no me siento influenciada conscientemente por las cosas. Creo que para mí, todo lo que he leído a lo largo de mi vida está guardado en mi cabeza en algún lugar, y me ayuda a crear posibilidades. No se trata de influencias conscientes, e intento conservar mi voz y no preocuparme por lo que otras personas escriben, lo cual es una lucha muchas veces, porque ves a tu alrededor a toda esta literatura, y es por eso que a veces prefiero no leer literatura contemporánea, creo que es mejor no hacerlo. Pienso que realmente creo en la voz individual del escritor, ésa es mi pasión. Claro que hay influencias, pero soy bastante idiosincrática y me gusta serlo. Mi familia es muy idiosincrática, con muchos personajes fuertes, y espero que con los textos por venir siga siguiendo mis intereses sin preocuparme por cómo mi obra es recibida y los resultados, eso es muy liberador. ¿Quién hubiera pensado que El color de la leche, que habla sobre un pequeño pueblo en Inglaterra me traería a las oficinas del British Council en México, y a pasar tiempo aquí, y que mi libro estaría a la venta aquí?

 

¿Cómo comenzó tu colaboración con Hay Festival y el British Council?

Mi colaboración con Hay Festival comenzó hace muchos años, fui dramaturga en residencia en Gales, y tuve que escribir una obra durante esa semana que fue puesta en escena el último día del festival. Luego fui a Hay con Del color de la leche. El libro fue publicado en España y fue un gran éxito, por lo que me invitaron a Hay Segovia. De ahí fui a Hay Jalapa y desde entonces, para mí se ha forjado una relación muy creativa. Hice una película sobre Shakespeare como parte de un proyecto de Hay y del British Council, en el cual en vez de hacer una entrevista, decidí hacer un performance. No tengo idea por qué, simplemente se me ocurrió hacerlo, y fue realmente bueno y me encantó. Entonces, en vez de hacer sesiones de preguntas y respuestas en Hay, comencé a hacer performances relacionadas con mi obra. Hice la primera en Querétaro, y dije a Hay, ¿puedo intentarlo? Y fueron increíbles. Nunca me cuestionaron sobre lo que estaba haciendo, confiaron simplemente en mí. Ha sido una gran colaboración basada en la confianza. Lo hice dos veces en Hay Querétaro, una presentación para estudiantes y otra para todo público, y fue genial. Luego hice una lectura en mi tercera presentación. Creo que en Latinoamérica los autores no hacen muchas lecturas en voz alta de su obra, y las mías son bastante dramáticas porque llevo mucho tiempo haciéndolas. Supongo que tiene que ver con mi experiencia en teatro. Entonces, puedo decir que ha sido una experiencia muy enriquecedora para mí y una colaboración emocionante.

 

¿Tienes un interés particular por la cultura y literatura latinoamericanas?

Cuando era más joven, siempre me interesó mucho Latinoamérica, leí mucho, tenía una obsesión con ella. Pero en el Reino Unido tenemos tanta literatura, porque tenemos la literatura del Commonwealth, tenemos la literatura norteamericana, canadiense, de India, de Australia. Existe demasiada literatura en inglés. Sin embargo, estoy empezando a leer más literatura latinoamericana. Actualmente estoy leyendo a Yuri Herrera, encontré una copia de su libro en inglés en mi Airbnb, la traducción que salió apenas hace un par de semanas en Inglaterra, y me encontré con un ejemplar en la casa en la que me hospedo, ¿no es increíble? Es fantástica, como electricidad que te llega directo al cerebro. El libro se llama Señales que precederán al fin del mundo, y se trata de cruzar la frontera de México hacia los Estados Unidos, es absolutamente genial.