Richard Gwyn presenta "Ciudades y Recuerdos" en la FIL 2016

Richard Gwyn presenta Ciudades y Recuerdos en la FIL 2016

 

Tras el éxito rotundo de la FIL 2015, que tuvo al Reino Unido como invitado de honor, este año Editorial Trilce junto con el British Council en México traen como parte del programa la presentación de la antología de poesía bilingüe “Ciudades y Recuerdos” del autor galés Richard Gwyn. Platicamos con el poeta, novelista y traductor acerca de su nuevo libro, sus influencias literarias y su gran afinidad con la cultura latinoamericana.

 

POR LILIANA PADILLA

 

Richard Gwyn es un escritor galés de ficción, autobiografía y poesía. Tras estudiar antropología en la London School of Economics, comenzó a viajar enormemente alrededor de Europa, viviendo en Grecia y España y trabajando como pescador y agricultor. Estas experiencias “en el camino” influenciarían su estilo literario y las temáticas de su obra. Gwyn no sólo narra sus aventuras de viajero, sino también su batalla por la vida al ser diagnosticado con una enfermedad hepática que le hizo requerir un trasplante de hígado para sobrevivir, siendo una de sus preocupaciones las maneras en las que el lenguaje y la cultura influencian nuestra comprensión de la enfermedad. Su obra se caracteriza por dejar de lado las narrativas grandiosas en la búsqueda de una representación más fugaz y fragmentaria del mundo, lo que lo ha consolidado como una de las voces más fascinantes de la literatura contemporánea en el Reino Unido.

Actualmente trabaja como profesor y traductor y dirige la maestría de escritura creativa en la Universidad de Cardiff, enfocándose en años recientes en la traducción de poesía y cuentos cortos de autores latinoamericanos. Además, ha sido invitado a diversos festivales literarios en España, Nicaragua, Argentina, Colombia y México.

 

¿De dónde viene tu interés y afinidad por América Latina?

Realmente no fue mi decisión, ¿sabes? Fue lo mismo que con ser escritor. Aprendí español porque tenía una novia española, y ella no hablaba inglés, así que tuve que aprender español. Nunca he podido aprender idiomas en la escuela. Para mí, aprender un idioma es algo que sólo puedes hacer al sumergirte en una cultura.

Cuando era joven comencé a leer a autores latinoamericanos, en particular Borges y Juan Gelman. A Gelman lo conocí hace unos cinco años, y nos fuimos de fiesta juntos. Juan era mi héroe a los veinte años, y el poder conocerlo, ya no como un groupie, sino como un escritor, fue interesante.

Ésta es la cuarta ocasión que visito México. Vine a la FIL la primera vez en 2011 a presentar “El desayuno del vagabundo”, una autobiografía, y regresé en 2014 a pasar tres meses aquí como Embajador Cultural del Consejo de Artes de Gales. Me dieron dinero para viajar en Latinoamérica, no fue un viaje relacionado con la antología que presento, sino simplemente para que pudiera escribir algunas ideas sobre la Latinoamérica contemporánea. Así que tuve la fortuna de que la Universidad para la que trabajo me diera tiempo para hacerlo. También pasé tres meses en Chile y dos en Colombia y Argentina –Argentina es el país que mejor conozco, así que no me quedé mucho ahí. 

 

¿Qué te llevó a ser escritor? ¿Qué autores te han influenciado?

Mis principales influencias fueron Jorge Luis Borges e Italo Calvino. El tío de mi primera esposa, que murió en 1988, era el poeta italiano Michele Rinchetti, y él era un amigo de Italo. En esa época yo vivía en Grecia, podría haber venido a Italia a conocerlo y conversar con él, pero nunca lo hice, y es algo que lamento.

Sobre qué me hizo decidir ser escritor, simplemente no podría haber hecho algo más. No era bueno para nada más. A los siete años simplemente supe que la escritura me ayudaba a sentirme más yo mismo. Y, sí, por supuesto que podría haber hecho otras cosas. Podría haber sido doctor, científico, académico, crítico literario o algo por el estilo, pero lo único que me interesaba cuando era joven era la literatura, las drogas y el sexo.

Durante mis años en la universidad, fui a hablar con mi tutor y me dijo, “Richard, nunca vas a ser un antropólogo, eres un poeta, y estás completamente loco, ¿qué estás haciendo aquí?”.

 

Y fue entonces que te fuiste a explorar el mundo.  Platícanos sobre tu proceso creativo. ¿En qué medida tus experiencias personales se relacionan con tu trabajo?

Voy a citar a Gabriel García Márquez: todo lo que he escrito me ha pasado a mí. Así que no hago una diferencia entre la ficción y la realidad. Simplemente es mi percepción de lo que me ha pasado. El jefe de mi departamento en la Universidad de Cardiff habló conmigo tras la publicación de El Desayuno del Vagabundo, y me dijo “me gustó tu libro, salvo las partes de ficción.” Y yo le dije, “¿Acaso habían partes de ficción?” y me respondió: “por supuesto, es evidente”, porque no quería creer que lo que narraba realmente había sucedido. Y pensé, es tan extraño, ¿cómo alguien puede pensar de esa manera?

Vivimos nuestras vidas, y cuando somos escritores, inventamos cosas. Y eso no significa necesariamente que no ocurrieron. Quizás sucedieron, quizás no, pero un profesor de literatura debería saber que eso no es importante. Lo único que es importante es qué tan buena es la escritura.

 

¿Es difícil ser escritor en los tiempos en que vivimos?

Nunca he vivido en otra época, pero es posible. Creo que es difícil ser cualquier cosa en estos tiempos. Nunca creí que ser escritor fuera algo especial, que el ser capaz de juntar palabras unas con otras fuera un don o algo parecido, simplemente es lo que es. Detesto la elevación del artista. No soy diferente de un pescador o un albañil, tengo mi oficio. Y mi maestro en ese sentido es Borges, porque a Borges nunca le importó lo que la gente pensara de él. Él sólo hacía su trabajo, y eso es lo que yo intento.

 

Me pareció interesante lo que dijiste antes, sobre el concepto de identidades nacionales como una construcción cultural.

Por supuesto que la identidad es algo construido, pero es más que eso. La identidad es multifacética, no tenemos una sola identidad. No estoy seguro de qué me siento, hay aspectos de ser galés que me gustan, que me transmiten un sentimiento acogedor y cálido. No tengo una afinidad particular por la literatura galesa, nunca la tuve. Pero hay escritores que me gustan, como Dylan Thomas, aunque no particularmente. El mejor escritor galés del siglo XX se llama David Jones. Era un poeta, y era absolutamente fantástico. Fue amigo de T.S. Eliot, y fue un hombre muy dañado, estuvo en las trincheras en la Primera Guerra Mundial. Esa experiencia lo afectó mucho. Y se ve reflejado en su escritura, ese sentimiento de daño psicológico. Sólo escribió tres libros, pero Eliot realmente lo admiraba. Raymond Williams es otro escritor y poeta galés que me gusta mucho. Y autores contemporáneos también. Es muy interesante, te diré algo: escritores más jóvenes que yo, en sus treintas y cuarentas, están comenzando a escribir acerca de la naturaleza, la tierra, la agricultura, cosas básicas sobre el mundo rural. Tristan Hughes, Tom Bullough, todos están escribiendo sobre eso. ¿Por qué está pasando esto? Se trata de una inquietud por la ecología, por nuestra tierra, y para la gente galesa la tierra es muy importante, porque la mayoría venimos de comunidades agrícolas, y vivimos en un paisaje muy hermoso que no queremos vender a las corporaciones multinacionales. Es nuestra tierra y la protegemos.

 

¿Algún libro que hayas leído recientemente y te haya gustado particularmente?

Sí, recién descubrí la obra de la escritora norteamericana Rebecca Solnit y realmente me gustó mucho, especialmente Guía de campo para perderse (A field guide to getting lost, 2006).